martes, 22 de junio de 2010
Un vistazo al pasado
lunes, 7 de junio de 2010
Como la vida misma
-Lo más lejos que pueda de ti, cariño. Quizá nunca consiga estar lo suficientemente lejos como para que nuestras vidas se olviden mutuamente; pero creo que sí podré irme bastante como para que mi pena no te afecte.
-¿ De qué hablas? No pretendas echar un polvo y luego irte como si nada hubiera ocurrido.
-Créeme, si pretendiera hacer eso ya lo habría hecho. Tu vida y la mía nunca estuvieron predestinadas a estar juntas. Lo sé yo. Lo sabes tú. Y creo que nadie más tiene por qué saberlo. Quizá ahora te parezca que lo que hago es cobarde y egoísta; pero dentro de un tiempo, cuando mires atrás y recuerdes este momento, te darás cuenta que hacer esto es lo mejor que pude hacer por los dos. Ninguno de los dos tiene que cargar con la losa de recordar al otro por siempre y para siempre, simplemente podemos recordarnos como lo que puede ser: una bonita noche en la que yo te conquisté y tú te dejaste conquistar; o una noche en la que tú y yo buscábamos esto, una unión sin ataduras, que nos permitiera desfogar nuestras almas atormentadas por el recuerdo y la nostalgia.
-¿Y tú cómo sabes que vivo atormentada por el recuerdo y la nostalgia?
-Porque, cariño, todos vivimos con una carga así.
martes, 1 de junio de 2010
Un poco de acústico
lunes, 31 de mayo de 2010
Love of Lesbian
Donde solíamos gritar.
Diez años antes de este ahora sin edad
aún vive el monstruo y aún no hay paz.
Y en los bancos que escribimos
medio a oscuras, sin pensar,
todos los versos de "Heroes"
con las faltas de un chaval,
aún estan están.
Y aún hoy, se escapa a mi control,
problema y solución,
y es que el grito siempre acecha,
es la respuesta.
Y aún hoy, sólo el grito y la ficción
consiguen apagar
las luces de mi negra alerta.
Tengo un cuchillo y es de plástico
donde solía haber metal,
y el libro extraño que te echó de párvulos,
sus hojas tuve que incendiar.
Y en los hierros que separan
la caída más brutal
siguen las dos inicales
que escribimos con compás.
Ahí están...
Vertical y transversal
soy grito y soy cristal,
justo el punto medio,
el que tanto odiabas
cuando tú me repetías que
te hundirá y me hundirá,
y solamente el grito nos servirá.
Decías "es fácil" y solías empezar.
Y es que el grito siempre vuelve
y con nosotros morirá,
frío y breve como un verso,
escrito en lengua animal.
¡Y siempre está!
Te hundirá y me hundirá
y solamente el grito nos servirá
y ahora no es fácil,
tú solías empezar.
Vertical y transversal,
soy grito y soy cristal,
justo el punto medio,
el que tanto odiabas cuando
tú me provocabas aullar.
Y ya está, ya hay paz,
oh, ya hay paz.
Y ya está, ya hay paz,
oh, ya hay paz.
¿Por quién gritaba?
Lo sé y tú no
no preguntabas,
tú nunca, no."
"Todos los raros fuimos al concierto
del gran telépata de Dublín.
Media hora antes invadimos el metro,
yo iba obligado y tú en éxtasis.
Y tanto os daba ocho como ochenta
a los fanáticos de John Boy,
frente al estadio ya cantabais sus temas,
primeras filas vuestra obsesión.
Decíais que John Boy era boreal,
algo ambiguo y de infancia gris.
Sinceramente yo lo detestaba hasta morir.
La luz se desmayó.
¿Con cuál van a empezar?
A ti te daba igual,
dijiste acertará.
¿Cómo es posible
que haya estado en tus infiernos?
Es imposible, no, misterio,
y quién tuviera su don.
Sería posible conocerte más por dentro.
No lo conseguiré, saber más de ti.
Yo no soy fan, otro fan de John Boy.
Odio a John Boy, tú odiarás a John Boy.
De aquellas masas era el gran insecto,
"tiene poderes" llegaste a decir.
Creo que lleva media vida huyendo,
quizás le pasa lo mismo que a mí.
Había expandido su emisión global
desde Lima hasta Reikiavik.
y, sin embargo, a quien tenía cerca
no podía transmitir.
Mirada universal
de alcance personal,
me hipnotizó por fin
con su verso letal.
¿Cómo es posible
que haya estado en sus infiernos?
Es imposible, no, misterio,
y quién tuviera su don.
Sería posible conocerte más por dentro.
No lo conseguiré, nunca sabré,
si yo no tengo su don,
si yo no tengo su don.
Y ahora ya soy, y ahora ya, ya lo soy,
y ahora ya soy otro fan de John Boy.
Y ahora ya soy, y ahora ya, ya lo soy,
y ahora ya soy otro fan de John Boy "
sábado, 29 de mayo de 2010
El "Sobre mí" de rigor
domingo, 23 de mayo de 2010
Luis García Montero
Las palabras son barcos
y se pierden así, de boca en boca,
como de niebla en niebla.
Llevan su mercancía por las conversaciones
sin encontrar un puerto,
la noche que les pese igual que un ancla.
Deben acostumbrarse a envejecer
y vivir con paciencia de madera
usada por las olas,
irse descomponiendo, dañarse lentamente,
hasta que a la bodega rutinaria
llegue el mar y las hunda.
Porque la vida entra en las palabras
como el mar en un barco,
cubre de tiempo el nombre de las cosas
y lleva a la raíz de un adjetivo
el cielo de una fecha,
el balcón de una casa,
la luz de una ciudad reflejada en un río.
Por eso, niebla a niebla,
cuando el amor invade las palabras,
golpea sus paredes, marca en ellas
los signos de una historia personal
y deja en el pasado de los vocabularios
sensaciones de frío y de calor,
noches que son la noche,
mares que son el mar,
solitarios paseos con extensión de frase
y trenes detenidos y canciones.
Si el amor, como todo, es cuestión de palabras,
acercarme a tu cuerpo fue crear un idioma.
Está solo. Para seguir camino
se muestra despegado de las cosas.
No lleva provisiones.
Cuando pasan los días
y al final de la tarde piensa en lo sucedido,
tan sólo le conmueve
ese acierto imprevisto
del que pudo vivir la propia vida
en el seguro azar de su conciencia,
así, naturalmente, sin deudas ni banderas.
Una vez dijo amor.
Se poblaron sus labios de ceniza.
Dijo también mañana
con los ojos negados al presente
y sólo tuvo sombras que apretar en la mano,
fantasmas como saldo,
un camino de nubes.
Soledad, libertad,
dos palabras que suelen apoyarse
en los hombros heridos del viajero.
De todo se hace cargo, de nada se convence.
Sus huellas tienen hoy la quemadura
de los sueños vacíos.
No quiere renunciar. Para seguir camino
acepta que la vida se refugie
en una habitación que no es la suya.
La luz se queda siempre detrás de una ventana.
Al otro lado de la puerta
suele escuchar los pasos de la noche.
Sabe que le resulta necesario
aprender a vivir en otra edad,
en otro amor,
en otro tiempo.
Tiempo de habitaciones separadas.
Recuerda que tú existes tan sólo en este libro,
agradece tu vida a mis fantasmas,
a la pasión que pongo en cada verso
por recordar el aire que respiras,
la ropa que te pones y me quitas,
los taxis en que viajas cada noche,
sirena y corazón de los taxistas,
las copas que compartes por los bares
con las gentes que viven en sus barras.
Recuerda que yo espero al otro lado
de los tranvías cuando llegas tarde,
que, centinela incómodo, el teléfono
se convierte en un huésped sin noticias,
que hay un rumor vacío de ascensores
querellándose solos, convocando
mientras suben o bajan tu nostalgia.
Recuerda que mi reino son las dudas
de esta ciudad con prisa solamente,
y que la libertad, cisne terrible,
no es el ave nocturna de los sueños,
sí la complicidad, su mantenerse
herida por el sable que nos hace
sabemos personajes literarios,
mentiras de verdad, verdades de mentira.
Recuerda que yo existo porque existe este libro,
que puedo suicidarnos con romper una página.
domingo, 9 de mayo de 2010
miércoles, 5 de mayo de 2010
Climacofobia
Qué poco original es el ser humano cuando quiere. Si os dais cuenta, un simple hecho aislado ya es suficiente para que nuestra vida pueda cambiar, para que nuestra cabeza mande señales a nuestros sentidos y sintamos que el mundo se nos cae encima. Es así de sencillo, imaginaos que un día, por remoto que sea, tenéis un accidente de trafico y os partís una pierna, no por muchos sitios, no quiero ensañarme. Ese día, si os marca lo suficiente, será el día que empiece vuestra fobia a los coches, o en su defecto, vuestra fobia a la velocidad, o a conducir. Pues algo así me ha ocurrido a mí. Tuve un accidente trabajando, y hoy he descubierto que le tengo mucho respeto a las escaleras en las que ocurrió el accidente. Cuando tengo que subirlas es como que se me revuelve el estomago un poco, como avisándome de la proximidad de las escaleras. Sinceramente, es una putada, y sé que se me pasará; porque al final de la noche se me había pasado un poco el canguelo. Pero la primera sensación que tuve, esa en la que mi cabeza me decía que midiera mis pasos y tuviera cuidado con la escalera, que la escalera estaba allí, y era peligrosa, y que estaba esperando a que diera un paso en falso para traicionarme. Esa sensación, acojona, eso os lo aseguro.