"El viaje más infinito que te puedo prometer llega sólo hasta el domingo más triste de cada mes..."

viernes, 2 de septiembre de 2011

"Elegía a Ramón Sijé"

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
a quien tanto quería)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Miguel Hernandez

jueves, 1 de septiembre de 2011

Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven

"Siempre he creído que las personas más importantes de nuestra vida todavía no las hemos conocido. Y como no existen, no nos preocupamos por si el coche las ha dejado tiradas, si se les ha muerto un ser querido, si están tristes o si les han abandonado.
No existen aún en nuestro mundo y, por ello, su tristeza y su felicidad no nos pertenecen y no nos afectan... Hasta el día que los conocemos y nos ponen al día de su mundo...
Ahora me daba cuenta de que pasaba lo mismo con la gente que perdemos y sabemos que no recuperaremos. Es como si debiéramos olvidar qué les pasa y les preocupa. Y eso yo no deseaba hacerlo; la gente lo hace para sobrevivir... Quizá yo no deseaba sobrevivir."

lunes, 29 de agosto de 2011

Voy a Romper las ventanas




Cuatro mil días después de aquel año obcecado, detecto que al fin te dignaste a cumplir con la cita inaudible, y me alegro, y me enfado a la vez. Después de estudiar con cuidado este caso ejerciendo a la vez de fiscal y abogado, de juez imparcial, sentencio lo nuestro, diciendo que el fallo más grande pasó por guardar solamente los días más gratos y olvidar los demás. Mirarte de frente. Admito en voz alta que no pocas veces he sido tentado en coger mi esperanza y lanzarla sin más a la fosa común donde yacen los sueños que nos diferencian.



Tal vez, ¿has pensado en renunciar?

Yo aún no... Hada helada en vuelo inerte, tú nunca cambiarás.

Hada helada en vuelo inerte, tú nunca caerás.



Tal vez, ¿has pensado en crecer más?

¡Más no!

Tal vez ¿te conseguiste equilibrar?

Yo aún no...


Vamos a correr el gran sprint final

y al cruzar la línea los dos ganarán.



Voy a romper las ventanas

para que lluevan cristales.

Ven a romper las ventanas,

ven a gritar como antes.

Ven a romper las ventanas

y hacer del caos un arte.

Voy a romper tus ventanas

y voy a entrar como el aire.

domingo, 22 de mayo de 2011

Tokio Blues

Pero lo cierto es que mi memoria se ha ido alejando de aquel prado y son ya muchas las cosas que he olvidado. Al escribir así, persiguiendo mis recuerdos, a menudo me asalta una inseguridad terrible. ¿No estaré olvidando la parte más importante? ¿Acaso no existe en mi cuerpo una especie de limbo de la memoria donde todos los recuerdos cruciales van acumulándose y convirtiéndose en lodo?

Esto es cuanto puedo conseguir ahora: asir con fuerza dentro de mi pecho unos recuerdos incompletos que ya han palidecido y siguen palideciendo a cada instante que pasa, y escribir estas líneas con la desesperación de un hombre que va chupándose la medula de los huesos. Ésta es la única forma de mantener la promesa que le hice a Naoko.

Tiempo atrás, cuando todavía era joven y mis recuerdos eran mucho más nítidos que ahora, intenté escribir varias veces sobre Naoko. Pero entonces fui incapaz de escribir una sola línea. Era consciente de que una vez que brotara la primera frase, las restantes fluirían espontáneamente, pero ésta jamás brotó. Todo era demasiado nítido, y yo nunca supe cómo moldearlo. El mapa más detallado puede no servirnos en algunas ocasiones por esta misma razón. Pero ahora lo sé. En definitiva -así lo creo-, lo único que puedo verter en este receptáculo imperfecto que es un texto son recuerdos imperfectos, pensamientos imperfectos. Y cuanto más ha ido palideciendo el recuerdo de Naoko, más capaz he sido de comprenderla. Ahora sé por qué me pidió que no la olvidara. Por supuesto, ella intuía que mi memoria la borraría algún día. Por eso me lo pidió: <<"¿Te acordarás siempre de que existo y de que he estado a tu lado?">>.

Este pensamiento me llena de una tristeza insoportable. Porque Naoko jamás me amó.

lunes, 4 de abril de 2011

Poema del vagabundo

Ensueño o engaño, pestaña de limusina.
Pequeña, con tu cara bonita, vierte una lágrima en mi copa,
veo en tus ojos lo que significas para mí.
Dulces tartas y batidos.
Soy ángel de ilusión, desfile de fantasía.
Quiero que sepas lo que pienso, que no tengas que adivinarlo.
No tienes ni idea de dónde vengo.
No tenemos ni idea de adónde vamos.
Lanzados a la vida, como ramas en un río,
fluyendo río abajo, presos de la corriente.
Yo te llevo a ti, tú me llevas a mí, así es como podría ser.
No me conoces, aún no sabes quién soy.

lunes, 14 de marzo de 2011

Ispansi

"Tu nombre es desconocido, tu hazaña es inmortal"
Cuando tenga tiempo haré una crítica de ese peliculón.

sábado, 5 de febrero de 2011

Báilame el agua

Báilame el agua.
Úntame de amor y otras fragancias de su jardín secreto.
Riégame de especias que dejen mi vida impregnada de tu olor.
Sácame de quicio.
Llévame a pasear atado con una correa que apriete demasiado.
Hazme sufrir.
Aviva las ascuas.
Ponme a secar como un trapo mojado.
No desates las cuerdas hasta que sea tarde.
Sírveme un vaso de agua ardiente y bendita que me queme por dentro, que no sea tuya ni mía, que sea de todos.
Líbrame de mi estigma.
Llámame tonto.
Sacrifica tu aureola.
Perdóname.
Olvida todo lo que haya podido decir hasta ahora.
No me arrastres.
No me asustes.
Vete lejos.
Pero no sueltes mi mano.
Empecemos de nuevo.
Sangra mi labio con sanguijuelas de colores.
Fuma un cigarro para mí.
Traga el humo.
Arréglalo y que no vuelva a estropearse.
Échalo fuera.
Crúzate conmigo en una autopista a cien por hora.
Sueña retorcido.
Sueña feliz, que yo me encargaré de tus enemigos.
Dame la llave de tus oídos.
Toca mis ojos abiertos.
Nota la textura del calor.
Hasta reventar.
Sé yo mismo y no te arrepentirás.
¿Por cuánto te vendes? Regálame a tus ídolos.
Yo te enviaré a los míos.
Píllate los dedos.
Los lameré hasta que no sepan a miel.
Hasta que no dejen de ser miel.
Sal, niega todo y después vuelve.
Te invito a un café.
Caliente claro.
Y sin azucar. Sin aliento.

Daniel Valdés

domingo, 30 de enero de 2011

El palacio de la Luna

"Así fue como finalmente me rescataron: porque los dos salieron a buscarme. En aquel momento yo lo ignoraba, claro está, pero, sabiendo lo que sé ahora, me es imposible recordar aquellos días sin sentir una oleada de nostalgia por mis amigos. En cierto sentido, eso altera la realidad de lo que experimenté. Yo había saltado desde el borde del acantilado y justo cuando estaba a punto de dar contra el fondo, ocurrió un hecho extraordinario: me enteré de que había gente que me quería. Que le quieran a uno de ese modo lo cambió todo. No disminuye el terror de la caída, pero te da una nueva perspectiva de lo que significa ese terror. Yo había saltado desde el borde y entonces, en el último instante, algo me cogió en el aire. Ese algo es lo que defino como amor. Es la única cosa que puede detener la caída de un hombre, la única cosa lo bastante poderosa como para invalidar las leyes de la gravedad."

viernes, 7 de enero de 2011

Paul Auster

Dos textos sacados de dos libros de Paul Auster. El primero es una anécdota de Kafka, el segundo, una pregunta y una respuesta de una entrevista real. En negrita, antes del texto, el nombre del libro donde viene el mismo.

Brooklyn Follies

-Vale. Cuéntame ya esa historia.
-De acuerdo. Esa historia. La historia de la muñeca... Estamos en el último año de la vida de Kafka, que se ha enamorado de Dora Diamant, una chica polaca de diecinueve o veinte años de familia hasídica que se ha fugado de casa y ahora vive en Berlín. Tiene la mitad de años que él, pero es quien le infunde valor para salir de Praga, algo que Kafka desea hacer desde hace mucho, y se convierte en la primera y única mujer con quien Kafka vivirá jamás. Llega a Berlín en el otoño de 1923 y muere en la primavera siguiente, pero esos últimos meses son probablemente los más felices de su vida. A pesar de su deteriorada salud. A pesar de las condiciones sociales de Berlín: escasez de alimentos, disturbios políticos, la peor inflación en la historia de Alemania. Pese a ser plenamente consciente de que tiene los días contados.
"Todas las tardes, Kafka sale a dar un paseo por el  que cuando compone su propia obra. No es cuestión de defraudar a la niña. La situación requiere un verdadero trabajo literario, y está resuelto a hacerlo como es debido. Si se le ocurre una mentira bonita y convincente, podrá sustituir la muñeca perdida por una realidad diferente; falsa, quizá, pero verdadera en cierto modo y verosímil según las leyes de la ficción.
"Al día siguiente, Kafka vuelve apresuradamente al parque con la carta. La niña lo está esperando, y como todavía no sabe leer, él se la lee en voz alta. La muñeca lo lamenta mucho, pero está harta de vivir con la misma gente todo el tiempo. Necesita salir y ver mundo, hacer nuevos amigos. No es que no quiera a la niña, pero le hace falta un cambio de aires, y por tanto deben separarse durante una temporada. La muñeca promete entonces a la niña que le escribirá todos los días y la mantendrá al corriente de todas sus actividades.
"Ahí es donde la historia empieza a llegarme al alma. Ya es increible que Kafka se tomara la molestia de escribir aquella primera carta, pero ahora se compromete a escribir otra cada día, única y exclusivamente para consolar a la niña, que resulta ser una completa desconocida para él, una criatura que se encuentra casualmente una tarde en el parque. ¿Qué clase de persona hace una cosa así? Y cumple su compromiso durante tres semanas, Nathan. Tres semanas. Uno de los escritores más geniales que han existido jamás sacrificando su tiempo (su precioso tiempo que va menguando cada vez más) para redactar cartas imaginarias de una muñeca perdida. Dora dice que escribía cada frase prestando una tremenda atención al detalle, que la prosa era amena, precisa y absorbente. En otras palabras, Era su estilo característico, y a lo largo de tres semanas Kafka fue diariamente al parque a leer otra carta a la niña. La muñeca crece, va al colegio, conoce gente. Sigue dando a la niña garantías de su afecto, pero apunta a determinadas complicaciones que han surgido en su vida y hacen imposible su vuelta a casa. Poco a poco, Kafka va preparando a la niña para el momento en que la muñeca desaparezca de su vida para siempre jamás. Procura encontrar un final satisfactorio, pues teme que, si no lo consigue, el hechizo se rompa. Tras explorar diversas posibilidades, finalmente decide casar a la muñeca. Describe al joven del que se enamora, la fiesta de pedida, la boda en el campo, incluso la casa donde la muñeca vive ahora con su marido. Y entonces, en la última línea, la muñeca se despide de su antigua y querida amiga.
"Para entonces, claro está, la niña ya no echa de menos a la muñeca. Kafka le ha dado otra cosa a cambio, y cuando concluyen esas tres semanas, las cartas la han aliviado de su desgracia. La niña tiene la historia, y cuando una persona es lo bastante afortunada para vivir dentro de una historia, para habitar un mundo imaginario, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia siga su curso, la realidad deja de existir.


Pista de despegue

Extracto de una entrevista concedida por Edmon Jabès en el año 1978. El entrevistador fue Paul Auster.

Paul Auster: ¿Escribió así sus primeros poemas? ¿O con El libro de las preguntas comenzó algo completamente distinto para usted?

Edmon Jabès: Hay algo que siempre me ha intrigado sobre mis poemas... y es que siempre conocía su longitud antes de escribirlos. Sabía que ocuparían tres páginas, seis páginas o media página... Creo que la única explicación posible para esto es que cuando escribimos un poema, ésta ya está escrito en nuestro interior, aunque no seamos conscientes de ello. Esta idea me parecía muy curiosa. Yo comenzaba un poema, escribía un verso o dos, y luego salía -al cine, por ejemplo-, sabiendo que cuando volviera continuaría escribiendo como si no me hubiera separado de él ni un segundo, como si el poema hubiese continuado escribiéndose dentro de mí. Recuerdo un poema largo de diez páginas. Una noche llegué a casa y me fui a la cama. Luego me levanté a medianoche y mi esposa me preguntó: "¿Qué ocurre? ¿Estás enfermo?"; yo le contesté: "No, voy a escribir." Me senté a mi escritorio y comencé a escribir ese poema. Después de un rato volví a la cama. Al día siguiente, continué como si nunca lo hubiera interrumpido. Al volver a la cama le había dicho a mi mujer que ese poema tendría diez páginas y tuvo exactamente diez páginas. ¿Cómo explicarlo? Es incomprensible. Hay algo que ya está trabajando en nuestro interior, y un pequeño incidente, una emoción, un encuentro casual lo saca a la luz... Por eso las etapas infértiles en los poetas, las temporadas en que uno no puede escribir nada son especialmente dolorosas. Todo va muy bien; uno escribe diez poemas, veinte poemas en apenas unos meses y se siente feliz; pero luego, de repente, no puede crear nada más, no es capaz de coger la pluma o escribir un solo verso. En esos periodos, uno se sume en un horrible mar de dudas. Tiene miedo de no poder volver a escribir. Esto es algo extraordinario, algo que la mayoría de la gente no comprende. Siempre que uno escribe corre el riesgo de no volver a hacerlo jamás... Y luego, a veces, nace un nuevo poema y uno se siente totalmente liberado; se dice a sí mismo: "Por fin ha vuelto." Y escribe y escribe, pero al final descubre que no llega a nada... Se escribe a su tiempo... es algo que no puede forzarse.

martes, 28 de diciembre de 2010

La sombra de la libertad


"Despertó con la luna en las manos,
le pidiose quedar hasta desayunar.
Se lió antes de ayer con el viento
para ver si era cierto que sabe volar.

Reunió todos los sueños del mundo,
empeñó su futuro en darles realidad.
Mal hadada princesa sin reino,
corazón vaciado de tanto luchar.

Por un mundo frustrado y opaco
que olvidó la esperanza en la barra de un bar,
por un poco de amor en los labios
persiguiendo la sombra de la libertad.

Un apátrida a ojos de gata,
pentagrama del siglo, humor de Serrat.
Guerrillera de causas perdidas,
horizonte varado a las puertas de un mar.

Despertó con la luna en las manos,
le pidiose quedar hasta desayunar.
Mal hadada princesa sin reino,
corazón vaciado de tanto luchar.

Por un mundo frustrado y opaco
que olvidó la esperanza en la barra de un bar,
por un poco de amor en los labios
persiguiendo la sombra de la libertad."